Verdades como puños (VIII): Mentiras piadosas

August 2nd, 2010

Johnny (Sterling Hayden): ¿A cuántos hombres has olvidado?
Vienna (Joan Crawford): A tantos como mujeres tú recuerdas.
Johnny: ¡No te vayas!
Vienna: No me he movido.
Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias. Muchas gracias

Johnny Guitar (1954), western lírico excepcional firmado por Nicholas Ray, siempre maravilloso. Creo que la banda sonora de Victor Young ni siquiera estuvo nominada al Oscar, tal vez porque en realidad se mería un Nobel. (El diálogo comienza en el vídeo a partir del minuto 1.15)

Se acabó lo que se daba (Gijón-San Sebastián-Madrid)

August 1st, 2010

Toda una semana para escribir una entrada en el blog y no ha habido forma. Y por una vez, y sin que sirva de precedente, me alegro de esa falta de tiempo, porque todo él ha sido empleado para pasarlo genial en Madrid en compañía de unos amigos geniales –Carmen y Elena al frente; y Azul, claro-, conocidos hace tan sólo unas semanas en Gijón. Ya sabéis, tipo a lo de “amor a primera vista”, pero sin lengua ni regalo de San Valentín.

En Madrid he apurado los últimos días de vacaciones, pasando agradables veladas en un coqueto apartamento de Lavapiés, muy cerca de la calle Relatores, donde viví hace como siete años (¡oh, my God!). Lo mejor, más allá de la gente que he conocido, las copas, las charlas, los paseos, las compras, los contactos… ha sido pasar las horas muertas mirando por un discreto ventanuco del salón, en realidad un ventanal irresistible, pequeño, coqueto, abierto a los tejados de las casas contiguas por los que, estas noches de Luna radiante, no dejaba de buscar algún lacónico gato de corazón solitario.

Llegué a la city el lunes, reventado como el caballo de Bud Spencer, tras un fin de semana bastante intenso y completamente memorable. Marta, Juanan, Adri y yo fuimos, vimos y vencimos. Un poco de turismo en San Sebastián, otro poco en Bilbao y sobre todo mucha música. Música en el coche, de Sabina, Springsteen y los Stones, de Cash, Nelson y Simon & Garfunkel. Música en las calles y los escenarios improvisados por todo Donosti, jazz, rap, folk, pop… Y sobre todo, música en esa Plaza de la Trinidad, donde el domingo pude cumplir con creces uno de esos muchos sueños que no dejo de atesorar en la vieja bolsa de viaje, de cuero raído y con pegatinas de países exóticos, que arrastro desde que era ese niño que creía realmente que un hombre podía volar (me encanta esa frase publicitaria del primer Superman de Donner).

Ver a Kris Kristofferson en concierto fue una verdadera pasada. Creo que ya he comentado en el blog en alguna ocasión aquella crítica de un periodista neoyorquino sobre un espectáculo de Lola Flores en la Gran Manzana: “Lola no canta. No baila. No se la pierdan”. Pues con Kristofferson ocurre igual. Su trabajo con la guitarra es parco tirando a justito, y a esa voz ronca, cavernosa, le cuesta cada vez más alcanzar determinadas notas ya bajas de por sí. Sin embargo, todo eso no hace sino acentuar la maestría de este hombre para emocionar narrando unas canciones previamente escritas con brillantez intimidatoria. ¡Quién pudiera transmitir en las trescientas páginas de una novela el universo de sensaciones, experiencias y emociones que encierran ‘For the good times’, ‘Help me make it through the night’ o ‘Sunday morning coming down’!

Estar ante el autor de ésas y tantas otras canciones, pequeñas piezas literarias con estructura lírica, es todo un lujo que, francamente, veía ya difícil poder disfrutar. Pero no sólo pude verlo en directo, y como digo rodeado de buenos amigos –los que me acompañaban y los que conocimos allí-, sino que tras el recital también tuvimos la oportunidad de hacernos la foto de rigor con él e incluso de intercambiar algunas palabras. Humilde hasta lo inexplicable en alguien de su trayectoria e influencia, Kristofferson atendió con una sonrisa radiante a cuantos se acercaron a él, animando en ocasiones al abrazo a los que se acercaban más temerosos.

Elvis Costello también actuó aquella noche, y su espectáculo fue genial. Mis disculpas por no incidir en él, pero quería centrarme aquí sólo en unos recuerdos meramente emocionales. Si alguno quiere echarle un vistazo a la crónica que preparé de aquella noche memorable, podéis encontrarla en Efe Eme. Ah, y por cierto, el 26 de agosto TVE emitirá el concierto de Kristofferson, y mucho me temo que tanto el amigo Adri como yo saldremos chupando cámara desde esa primera fila desde la que no dejamos de cantar y lanzar guiños al cantante. Y todo hay que decirlo, algunos los recibió con una sonrisa cómplice que nos llenó, como dijo aquél, de orgullo y satisfacción.

De regreso a Sevilla, mis compañeros de viaje hicieron una parada en Madrid para soltar lastre, y con él fui yo. Siempre me gusta volver a Madrid. He vivido en esa ciudad tres años y vuelvo a ella cada vez que tengo ocasión. Me encanta pasear por sus calles, sobre todo por esos barrios al sur de la Gran Vía. Me gustan sus bares, sus cafeterías, sus librerías, sus cines de reestreno, incluso sus tiendas de moda pasadas de moda. Hay un ambiente especial en esta ciudad, ni mejor ni peor que en otras, sencillamente diferente, y a mí me ha enganchado. No pocos amigos y familiares me han dicho a lo largo de estos años que cometí un error al volverme a Sevilla. Yo no lo veo así. No fue un error ni un acierto, sólo una decisión. Y estoy más que contento con ella. Eso sí, cada vez que voy por la city, sobre todo en tan buena compañía como he estado en esta ocasión, conociendo a tanta gente interesante y sobre todo tan cariñosa, es inevitable plantearte eso de ¿y si volviera? Bueno, quién sabe. La noria gira y gira…

En Madrid, como ya he dicho, he afianzado una de esas amistades que te ayudan a sentirte con ganas de vivir, y he descubierto otras de las que ayudan a salpimentar esa misma vida. Y fue toda una sorpresa, al cruzar una tarde la Carrera de San Jerónimo, escuchar que alguien gritaba mi nombre y descubrir que era, ni más ni menos, Armando Rodera –y su entrañable acompañante-, brillantísimo, ilustrísimo y amabilísimo crítico literario bloggero, destinado a reventar el mercado con alguna de sus prometedoras obras. Fue estupendo compartir ese rato con vosotros.

Por no faltar, en Madrid no faltó ni un ciclo de cine de clásicos de los setentas en el Círculo de Bellas Artes que me dio la oportunidad de disfrutar en pantalla grande de mi amada, amadísima, Quiero la cabeza de Alfredo García, de Sam Peckinpah. Lo programo adrede y no me sale tan bien, seguro.

Total, que todo esto tras los diez días de Semana Negra, y antes, la estancia en la playa con Adri y Anita. Pues lo dicho, que necesito unas vacaciones para descansar de las vacaciones. El lunes, al tajo otra vez. Claro que también estoy rebosante de energía y entusiasmo para dedicarme a lo que de verdad me gusta: escribir. ¿Cumpliré todos los proyectos, todas las promesas, todas las esperanzas? Hombre, todas, todas… En cualquier caso, gracias, de corazón, a todos los viejos y los nuevos amigos que habéis hecho de este mes de vacaciones toda una vida de nuevas experiencias y descubrimientos. Espero estar a la altura de las circunstancias.

Es sábado, pasada la una y media de la madrugada. ¡Qué temprano! Pero mañana hay trabajo que hacer. ¿Qué tal un poco de historia vivida para suavizar esta primera noche de agosto, tan calurosa como era de prever? Un vídeo del ‘Me & Bobby McGee’ de Kristofferson en San Sebastián, remitido por el amigo Adri, incluida nuestra reclamación del recuerdo de Janis Joplin hacia el final.

Relato: Charles Bronson era un cabrón (Finalista Semana Negra)

July 23rd, 2010

-Y yo te digo que no, que el Charlbronson se los cepilla a todos –dice el Séneca sin levantar la mirada del vaso, algo cansado ya de la discusión-. ¡Pero si no hay más que ver la pinta de los demás! ¡Maricones todos!

-Sí, claro. El Chucknorris, maricón, ¡no te digo éste!

El Séneca lanza una mirada al Largo pero se lo piensa antes de hablar.

-Ni el moreno ese de la coleta tampoco –dice el Chispas.

-El Stivensigal –apunta el Largo-. Pues anda que no le da caña ése a los colgaos y a los manguis. Lo que le pasa a ése es que se ha puesto tan gordo que parece el Elvispresli antes de morirse.

-Pues los dos son unos maricones –dice el Séneca-. ¡Si no hay más que verlos! Están tan operados y maquillados que parecen la Sarita Montiel. A ver quién puede decir lo mismo del Charlbronson. Ése sí que era un tío como los de antes. ¡Pero vosotros que vais a saber! Por no saber, ni sabéis que Elvis sigue vivo.

Todos los sentados a la barra del Bar Folsom, incluso los que no están en la conversación, jalean aquel comentario. Hasta yo mismo lo hago, como puedo, mientras estoy cambiando el barril de cerveza.

-¡Que sí, que sí! –dice el Séneca- Y eso está en los papeles, que la CIA tiene documentos, que yo no me invento nada. Lo que pasa, es que para hablar hay que saber, y para saber, estudiar. Y como aquí no leéis ni la pizarra de las tapas…

-Es que no hay pizarra ni tapas –le digo abriendo el tirador.

-Ya, bueno, eso tendrás que explicarlo algún día. ¿Dónde se ha visto un bar sin tapas?

-Es que éste es un bar sofisticado, Séneca –le dice el Largo al tiempo que le planta una mano en el hombro.

-Ya, ¡un bar de maricones!

Rompemos a reír. Me adelanto al Chispas y empiezo a preparar una nueva ronda para todos. Él me guiña un ojo y se vuelve hacia el chaval que lo acompaña.

-Es que el Séneca trabajó para la CIA –le cuenta.

-Sí, el 007 de Alcosa, ¡no te jode! –se cachondea el Largo.

-Pues sí, señor, para la CIA, antes de que vosotros hubierais nacido. ¡Qué coño vais a saber! –el Séneca se inclina en la barra para poder mirar al chaval-. Es que aquí, en Sevilla, los americanos tenían una base, donde el barrio pijo ese.

-En Santa Clara –dice el Chispas.

-Eso es, en Santa Clara. Era la base que coordinaba Morón y Rota. Era la madre del cordero. Ahí es donde planeaban todas sus operaciones en Europa. Y a mí me tenían de enlace local.

-¡Pero qué te has fumado, viejo! –dice el Chispas.

-Os daría más detalles, pero es alto secreto –vuelve a inclinarse hacia delante-. La madre del cordero, chico, lo que yo te diga.

-Anda, Séneca, echa un trago –le digo poniéndole su whisky con Sevenap por delante.

Todos le dan un tiento a sus copas y yo me sirvo un tirito de José Cuervo.

-Pues por mucho de la CIA que fueras –comenta el Largo-, de tíos duros no sabes un carajo, Séneca. El Chucknorris da unas patadas voladoras que te cagas. Con uno como él que hubiera en Sevilla, nos quedábamos todos sin manduca. Al Charlbronson le quitas la pistola ¿y qué hace?

-¿Que qué hace? Pues arrear unas mascás que te dejan seco. Tanta patadita ni tanto chino muerto.

-Dile tú eso al Stivensigal –bromea el Chispas-. Él sólo se carga a la banda de narcos que pille por delante a base de romper brazos y piernas. ¡Qué tío!

-¡Bah! Antes me quedo con el Harryelsucio –dice el viejo-, lo que pasa es que ése tira de gatillo enseguida.

-Joder, y menudos bujeros que le hace al personal.

-Agujeros, Chispas –digo.

-¿Qué?

-Que no seas bestia –interviene el Largo-. Que el Harryelsucio, por mucho pistolón que tenga, hace agujeros, no bujeros.

-¡Qué coño! –sonríe el Chispas- Háblale del María Moliner al muerto, ¡no te jode!

Vuelven a beber a la vez, como si tuvieran la coreografía preparada. Por la cara que ponen creo que cada uno está visualizando a esos pavos de los que han estado hablando, viéndolos repartir estopa a unos y otros.

-Pues a mí el Stivensigal me da mal rollo –dice el chaval rompiendo un breve silencio. Suena de fondo una de Sabina.

-¿Veis? –dice el Séneca- El muchacho es listo.

-No, es porque me recuerda a uno de los guardias que había en el correccional. El cabrón, como le dieras excusas, te daba de hostias hasta dejarte subnormal. El mamón sabía cómo hacerlas pasar putas y salir limpio.

-Si yo te contara, chaval –dice el Largo-. Hijoputas de ésos hay en todos sitios.

-Largo, ¿te acuerdas del Cafrune? –pregunta el Chispas. Lo hace con una sonrisa, pero su expresión se ensombrece al instante-. Ése sí que era un cabrón.

-El Cafrune era uno de los celadores de San Juan del Puerto, cuando estuvimos el Chispa y yo en el 84. Llevaba allí no sé cuánto tiempo, y como tenía una barba de la leche lo apodaban como al cantante argentino ése. Pero aquello era en los setenta. Cuando estuvimos nosotros, que era cuando estaba de moda el Chucknorris, coincidió cuando el Cafrune se recortó la barba y empezó a repartir hule de verdad. Hijo de la gran puta, ¡cómo zurraba!

-Sí, he oído hablar de ese elemento –dice el Séneca.

-Yo también –digo mientras seco unos vasos-. Contaban que se cargó a uno.

-¿A uno? ¡A saber a cuántos! –dice el Chispas- Siempre eran accidentes, claro.

-Es que no hay sitio más inseguro que una cárcel, ya sabéis –suelta el Séneca con una mueca.

-¡Nos ha jodido! Día sí y día también –prosigue el Largo-. Y el Cafrune siempre estaba cerca de esos accidentes. Ahora que lo pienso, era clavado al Chucknorris, el tío, es verdad. En la barba y en las palizas. Le tenían miedo hasta sus propios compañeros, por eso no había quien lo largara. Imaginaos, un veterano de cuando Franco. ¡Coño, pues igual que Fraga, que no se quería retirar!

Todos reímos, el que más el Séneca, aunque es el primero al que se le amarga el gesto.

-En aquella época sí que nos caían hostias a los que estábamos en el talego –dice-. Me río yo de lo que habéis pasado vosotros. A mí me enchironaron la primera vez en el sesenta y cuatro, era un crío. Me he recorrido lo mejorcito de España, y puedo deciros que no hay una prisión sin su hijo de la gran puta.

-¿Dónde estaba aquél tío? –pregunta el Chispa.

-¿Cuál?

-¡Sí, hombre! ¡Aquél! Del que nos has hablado tanto. El que tiraba a los presos desde la galería superior.

-¡No jodas! –exclama el chaval.

-¡Sí, sí, hijo! Como lo oyes –dice el Séneca-. Los llevaba arriba cuando los demás estaban en el patio y los dejaba caer, así, a pelo, varias plantas. Unos pasaban meses en el hospital, otros quedaban lisiados. Y algunos morían, claro. Eso ocurría cuando no acatabas su primer aviso. Para empezar, cuando te pasabas de listo, te daba a base de bien. Además, sin toallas húmedas ni porras ni guías de teléfono. A mí me tocó en el 73, y ojalá me hubiese endiñao con una tubería. Pero no, el tío te pegaba a puño limpio, y no quieras saber qué puños tenía. Imagínate, lo llamábamos Urtain, porque decían que había sido boxeador antes de meterse a pasma. Porque éste no era de los celadores. No, éste era pasma. Con decirte que lo metieron en prisiones porque decían que era demasiado duro para la Político-Social.

-El chaval no sabe lo que es eso –dice el Chispas.

-En los tiempos de Franco estaba la policía normal, como la de ahora, y la que era más cabrona todavía.

-¡Joder! –se le escapa al muchacho.

-Así era, sí. Y de esa otra era este tío.

El Séneca se apoya en la barra con ambos brazos y pierde su mirada entre las botellas que tengo a mi espalda. Miro sus ojos y me doy cuenta de que está viajando a un pasado poco agradable de visitar.

-Aquel mamón hizo mucho daño. Se llevó por delante a un par de buenos amigos, y dejó marcados a tíos que valían cien veces más que él.

-Bueno, Séneca, coño –le digo al ver que el viejo empieza a ponerse sentimental-. No vaya a darte ahora la pena, ¿no?

-No, hombre. El pasado, pasado está, y allí se queden los que se fueron. Pon otra ronda por aquí, anda, invito yo.

-Eso está hecho.

-Gracias, Séneca –dice el Largo dándole un manotazo en la espalda.

-¡Qué grande eres! –lo jalea el Chispas.

Pero el viejo sigue sumido en los recuerdos. Y así sigue por un rato, hasta que pongo las bebidas.

-¿Sabéis una cosa? –dice antes de dar un trago-. Que al pensar en él, me doy cuenta de que el Urtain se parecía un huevo al Charlbronson. Pegaba las mismas mascás el hijoputa, y hasta tenía ese bigote, como el de un picoleto, bajo el hocico roto de boxeador.

-Pues menudo hijoputa –dice el chaval desde el extremo en el que está.

Volvemos a tirar de coreografía y bebemos a la vez. Esta vez yo también me apunto. Se impone de nuevo el silencio por un instante. Sabina le canta a la más señora de todas las putas, que es también la más puta de todas las señoras.

-¿Sabéis lo que os digo? -dice el Séneca sin desviar la mirada del pasado- Que el Charlbronson y esos dos que os gustan, todos unos cabrones.

Cuento elegido entre los tres finalista del Concurso Internacional de Relatos Policíacos, convocado por la Semana Negra de Gijón en colaboración con el Ateneo Obrero de Gijón

NOTA: Con el cariño que le he tenido yo siempre a Charles Bronson, uno de los actores favoritos de mi abuelo, y vociferar ahora de manera tan poco respetuosa su nombre. Desde luego, no hay que fiarse de los escritoruchos…

Del Gijón literario al Donosti musical (preparando el nuevo viaje)

July 22nd, 2010

Cuatro días de descanso en casa y mañana emprendo viaje de nuevo. Saldremos por la noche, y en plan road-movie cruzaremos el país de sur a norte, turnándonos al volante por aquello de plantar batalla al sueño. Iré bien acompañado por tres buenos amigos, Marta, Juanan y Adri. El destino, San Sebastián. El objeto del viaje, asistir al primer concierto de Kris Kristofferson en España. Me hace mucha ilusión, lo reconozco. Nada que ver con los conciertos de Bruce y compañía, desde luego, pero fascinante de igual modo. Los de Kris son más bien recitales en la línea de canción de autor tradicional. Voz, guitarra y armónica. Eso sí, con una repertorio de canciones que valen por todos los fuegos de artificio que uno alcance a imaginar.

Unas diez horitas de viaje y llegaremos allí cuando el sábado apenas se esté desperezando. Una cabezadita y listos para apurar un par de días en la ciudad, que en pleno Jazzaldia vive una de sus fechas más concurridas. Me hace ilusión volver a recorrer La Concha y otros lugares en los que pasé un periodo breve pero muy interesante hace poco más o menos diez años. San Sebastián me gustó, y más aún sus vecinos, gente amable y muy cariñosa. Con algo de suerte, además, igual hasta puedo saludar a alguno de los viejos compañeros. Una de ellas se ha encargado de mandarme una lista con recomendaciones de restaurantes y bares de copas. Nunca está de más ir bien informado.

El concierto es el domingo por la noche, una doble sesión de lujo que abre Kristofferson y cierra Elvis Costello. Costello estará fantástico, no será la primera vez que lo veo, pero esa noche tendrá que dispensarme, porque toda mi atención, toda mi emoción, estará con Kristofferson. ¿Qué le vamos a hacer? Uno es un mitómano, sí, lo reconozco, y con thirty one castañas sigo ilusionándome como un crío con según que cosas. El caso es que sé bien que cuando la fascinante imperfección de Kristofferson como vocalista y guitarrista -me pasa con él como con la Vargas- comience a dar salida a sus canciones, a mí se me pondrá cara bobalicona y me entregaré sin esfuerzo a la melancolía que desprenden la mayoría de los temas.

Se han publicado los setlists de sus últimos recitales, y hay pocas variaciones en las 26-28 piezas que viene tocando en su gira europea. Será fantástico escuchar en directo como desgrana, casi recitando, los versos de ‘For the good time’, ‘To beat the Devil’, ‘Sunday mornin’ comin’ down’ o ‘Here comes that rainbow’. Lo único que me fastidia es que para esta gira ha optado por rebajar el mensaje político de sus recitales, eliminando canciones tan poderosas como ‘Don’t let the bastards get you down’, aunque manteniendo otras como ‘The circle’. A cambio está presentando un par de piezas inéditas.

Tras los conciertos, unas copas para aplacar la euforia y a dormir, y el lunes, carretera y manta. Veinte horas metidos en un coche –entre ida y vuelta en apenas dos días-, con Adri y Juanan en un mano a mano, puede dar mucho de sí. Sin duda alguna, será un viaje memorable.

Dejo aquí un vídeo tomado en un recital de Kristofferson de hace seis meses, interpretando esa pequeña joya que es ‘A moment of forever’, y que puede dar una idea bastante aproximada de lo que son sus veladas musicales.

Un momento de eternidad

¿Fue maravilloso para ti?
¿Fue sagrado como lo fue para mí?
¿Sentiste la mano del destino
Guiándonos a los dos?

Tú eras lo bastante joven para soñar
Yo lo bastante viejo para aprender algo más
Estoy tan contento de haber podido bailar contigo
Durante un momento de eternidad

A veces, cuando lloras
Eres feliz
A veces sólo lloras
Lo sé, lo sé

Pase lo que pase ahora
Qué agradable es saber que los sueños aún se hacen realidad
Estoy tan contento de haber estado cerca de ti
Durante un momento de eternidad

Treinta libros y un buen puñado de amigos

July 19th, 2010

“The dream is over”, que diría John Lennon, o lo que es lo mismo, que ya estoy de vuelta de la Semana Negra. Una semana de diez días intensos y sin que uno sólo de ellos haya estado de más. Tras un largo viaje, en autobús ayer y hoy en tren, vuelvo a encontrarme en el cálido hogar, con 41 grados al otro lado de la ventana, donde estoy dispuesto a teclear como un loco durante los próximos meses para hacer los méritos suficientes para volver a estar en Gijón el año próximo.

En cuanto a las últimas novedades, aquí podéis leer Corral de vecinos con muerto al fondo, un breve texto que me solicitaron para el blog oficial de la Semana, con mis impresiones generales sobre la experiencia. Aunque os recomiendo que aprovechéis mejor el tiempo leyendo estos artículos de Carmen Moreno en Revista de Letras y de Jesús Lens en El Ideal de Granada, sobre ese movimiento generacional que hará correr ríos de tinta en un futuro inminente. Me refiero, claro, a la Andalucía Connection.

Tengo una lavadora en marcha –un literato limpio vale… por lo que vale, pero al menos es limpio-, y treinta libros por leer y colocar en las ya apretadas librerías, que vaya si pesaban los condenados. En los próximos días descargaré las fotos de la cámara y trataré de reunir todas las ya colgadas y enviadas por los amigos para hacer un gran álbum. Ah, y no puedo olvidarme de actualizar la lista de enlaces para incluir los blogs y páginas varias de toda la patulea conocida por aquellas latitudes.

Se acaba Gijón y estoy de vuelta con una mochila de libros, algunos contactos interesantes y un puñado de buenos amigos de los que dejan huellan y agarran raíces. ¿Se puede pedir más?

Volvamos ahora a la dura realidad de cada día. Menos mal que sigo de vacaciones.

Semana Negra, días 6 y 7. ‘Andalucía Connection’ y premio porteño

July 16th, 2010

Cómo cambian las cosas cuando uno se libra de las responsabilidades. Ayer jueves, por la mañana, revisé y di por cerrado el amplio reportaje sobre la Semana Negra que comprometí con Cambio16, fotos incluidas, y desde entonces pude entregarme a disfrutar con mucha más libertad. Dicho reportaje ha sido, entre otras razones, la causa de mi irregular dedicación a dar cuenta en el blog del desarrollo de las actividades.

Dicho esto, ahora quiero dejar constancia, por si no ha quedado claro, de que esto de la Semana Negra es una experiencia como pocas. A falta de dos días para su conclusión, uno en realidad, y tras más de una semana en activo, uno se siente agotado físicamente pero con tristeza de que se acerque el momento de la despedida. La literatura es sin duda la gran protagonista, pero por encima de todo está la relación entre los participantes. Es una gran verdad esa frase que todos repiten: “La Semana Negra es un campamento de verano para escritores”. Aquí reímos, hacemos un poco el ganso, damos rienda suelta a pequeñas aficiones, compartimos proyectos e ilusiones…

Anoche, sin ir más lejos, fue genial tomar parte, en el papel de don Pero, en una representación de ‘La venganza de don Mendo’, la genial obra de Muñoz Seca. Compartir escenario –jeje, por llamarlo de alguna manera- con José Carlos Somoza, Elia Barceló, Rafa Marín, Juanmi Aguilera o Paco Jurado, con las pintas que teníamos todos, eso es algo difícil de olvidar.

También fue muy interesante la noche anterior una improvisada reunión de autores andaluces (Rafa Marín, Nerea Riesco, Jesús Lens, Paco Jurado, Teo Palacios y un servidor, moderados por la sin par Carmen Moreno), para dar cuerpo a lo que se ha venido denominando la “Andalucía Connection”. Y a imagen de la historia de nuestra comunidad, empezamos muy unidos e ilusionados y acabamos discutiendo enardecidos y sin llegar a un acuerdo… ¡No tenemos remedio los de la verdiblanca!

Una representación de la Andalucía Connection.

Esta mañana, por otro lado, se han fallado los premios de la Semana Negra, resultando Guillermo Orsi, colega de editorial y entrañable ser humano, ganador del Hammet. Juanmi Aguilera se ha llevado el Celsius, Alejandro Hernández el Espartaco, Javier Sinay el Rodolfo Walsh y Gregorio Casamayor el Memorial Silverio Cañada. También se han anunciado el ganador y finalistas del Concurso Internacional de Relatos Policíacos (en colaboración con el Ateneo Obrero de Gijón), siendo el principal para Enrique Ferrari (Argentina). Qué brinco he dado en mi asiento cuando, tras anunciar Paco Taibo que eran dos andaluces y otro argentino los finalistas, escuché mi nombre de labios de Eduardo Monteverde, portavoz del jurado, junto a los de Rafa Marín y Laura Massolo. Todo un honor y una gran ilusión. ‘Charles Bronson era un cabrón’, es el título del relato, que mañana publicará junto al resto el diario de la Semana, ‘A quemarropa’, y que en breve colgaré en el blog.

Ahora llega la hora de comer. A ver si localizo a los más formales del lugar, Biedma, Salem, Tristante… Lo mejor de cada casa.

Esto es la Semana Negra, y sigue.

Semana Negra, días 4 y 5. Don Mendo en el karaoke

July 14th, 2010

Son las dos y media y ya estoy en el hotel, toda una hazaña para el ritmo que llevamos. Siento al final no haber podido mantener esa prometida crónica diaria, pero este ritmo es insostenible. Presentaciones, charlas, paseos, almuerzos, copas, karaokes, bailes, representaciones teatrales (tengo el papel de don Pero, en ‘La venganza de Don Mendo’, ¡qué ilusión me hace!), más copas, libros, firmas, crónicas para la revista, crónicas para el blog, las fotos del Facebook, seguir el blog de éste y de aquél… Pero oye, que sarna con gusto no pica, y la verdad es que me lo estoy pasando de muerte.

Ayer fue un día algo más tranquilo en lo que a actividades se refiere. Tal vez lo más interesante fue cuando estaba junto a Paco Jurado charlando con el escritor cubano, residente en Miami, Rodolfo Pérez, el único autor que ha ganado el primer premio de cuento de la Semana Negra en cinco ocasiones, siendo ya clásica su presencia en esta cita. De pronto comenzó en la carpa central, junto a la que estábamos sentados, una charla del general cubano Fabián Escalante, la apuesta más decidida de Paco Ignacio Taibo II en esta edición. Este general de división formó parte, con apenas veintidós años, del pequeño grupo que se creo al triunfar la revolución cubana para coordinar la contrainteligencia y el contraespionaje del país. En sus libros, ninguno publicado en España, da cuenta de temas tan diversos como los más de seiscientos intentos de acabar con la vida de Fidel Castro, el complot oficial estadounidense que condujo al asesinato de JFK o la propia guerra de Nicaragua. Así que mientras uno ofrecía su visión anticastrista de la situación el otro planteaba la visión opuesta…

Pero si el domingo estuvo marcado por el fútbol, el lunes sin duda alguna lo estuvo por el concurso de karaoke. ¿Quién dijo que los escritores eran unos aburridos o unos estirados? Es divertido, chocante y fascinante, todo a la vez, ver a gente tan formal en apariencia perdiendo los papeles, dejándose llevar y robando tantas carcajadas en buena compañía.

¡Las tres casi! No me da tiempo. Quería contar con más detalle lo del karaoke, y hablar de mi presentación de ayer, martes, que Miguel Cane llevó a cabo con total maestría arrancando aplausos y risas a cada momento. Gracias, Miguel, fue fantástico poder contar contigo. Eres un tío grande.

Pero como no quiero que os quedéis sin saber los detalles, a los interesados os emplazo a pasaros por el blog de José Luis Muñoz, La soledad del corredor de fondo, donde encontraréis detallada crónica del lunes y el martes, con material gráfico incluido.

Y ahora, a dormir, que mañana a las once hay ensayo de ‘Don Mendo’. Buenas noches.

SNG, día 2 y 3. El rojo sobre el negro

July 12th, 2010

Jornada tranquila pero llena de grandes momentos la del sábado, la primera propiamente de Semana Negra. Por la mañana hubo rueda de prensa con legendarios autores de fantasía y ciencia ficción (Niven, Haldeman, Watson y Wellington), todos tan agradables como brillantes. Se habló de ciencia ficción y de terror, recalando en los zombis, tan de moda últimamente. David Wellington, autor de varios títulos al respecto, comentó en este sentido que el zombi es el monstruo oficial del siglo XXI, porque retoma la necesidad de una vigilancia obsesiva a unos y otros, que cobró especial fuerza tras los atentados de de 2001 y 2003. También habló con los periodistas el general cubano Fabián Escalante, quien repasó las más singulares conspiraciones para acabar con la vida de Fidel Castro, tan sólo unas pocas de los más de seiscientos intentos frustrados. Ésas y otras muchas historias quedan expuestas en sus libros de análisis e investigación que llegan a España por primera vez gracias a la Semana Negra.

Esos volúmenes se pueden encontrar en una de las librerías del recinto oficial, una caseta montada por un matrimonio mexicano, Fritz y Cecilia, que llevan ya dos décadas trayendo a este encuentro literario títulos publicados en toda Latinoamérica que nunca han visto la luz en España. Hubo una época en la que su librería, La Historieta, contaba con un emplazamiento físico en la ciudad de Puebla, pero tras echar el cierre, se ha convertido en una singular librería que sólo abre sus puertas diez días al año, los que dura la Semana Negra. Sólo ayer, en un primer repaso de títulos, ya les pedí que me apartaran media docena de ellos, que se sumarán a los diez que ya he ido amontonando en la habitación del hotel. No sé que tiembla más, si mi cartera o mis brazos, ante la perspectiva de la carga que tendré que llevar conmigo de vuelta.

Antes de comer en la terraza del Hotel Don Manuel -donde se aloja parte de la comitiva, repartido el resto entre el Pathos, el 44 y el Miramar-, con cantante de ópera borrachín incluido, hubo un paseo por parte de la ciudad, donde la celebración de la Semana Negra es un evento del que no escapa ningún vecino. Este alcance se comprende mejor cuando uno se apea del trenecito que conduce a periodistas y autores al recinto oficial, y se comprueba que el tan proclamado carácter popular de esta cita literaria no es palabrería. Puestos de churros, de gofres, coches de choque y una gran noria rodean a casetas de libros y carpas en las que los autores presentan sus últimas obras y debaten sobre los aspectos más diversos del universo literario, amén de los espacios dedicados a las exposiciones ‘100 balas, guía de lectura’ (cómic), ‘Y sin embargo… Se mueven’ (Fotoperiodismo), ‘Vuelven los soldaditos de plomo’ y ‘Piezas arqueológicas mexicanas’. Para disfrutar de cualquiera de esos actos no hay que tener entrada ni estar acreditado. Cualquier visitante a esta gran feria lúdico-cultural puede acudir a ellos, como de hecho hacen muchos, propiciando así un fantástico clima de integración y comunión entre libros y festejos.

David Wellington, Santiago Gamboa, Mario Cuenca Sandoval, Víctor Conde, Joe Aldeman, Lorenzo Luengo o el británico Steve Redwood, de impagable sentido del humor, fueron sólo algunos de los autores que presentaron sus últimos libros el sábado. Una jornada que acabó con la tertulia nocturna ‘Narrando en negro’, en la que volvieron a abordarse como ya ocurrió en la Casa de América, los objetivos y características de la novela negra.

“La novela negra me da la vida a través de la muerte. Escribo para sentirme viva”. Cristina Fallarás

“La novela es la prolongación de la guerra por otros medios. Además, la novela negra puede ser un reparador de entuertos”. Paco Ignacio Taibo II

“La literatura negra empieza con la Biblia, que se abre con el primer crimen de la historia. La novela negra es un escalpelo con el que se abren las tripas de la sociedad”. José Luis Muñoz

Impuesta la autocensura sobre lo que ocurrió en las horas siguientes, hay que señalar que a pesar de la fiesta y las copas, los asistentes a la Semana Negra dejaron fe de su compromiso con la causa al acudir el domingo a los actos de rigor más vespertinos, sin permitir que el cansancio o la pereza hicieran mella en ellos. Claro está que ayer, más allá del programa, si había algo que todos tenían en mente era la final del mundial de fútbol. Todas las actividades tuvieron que adelantarse una hora para evitar que ninguna quedara deslucida ante el comienzo del partido. Decenas de pantallas repartidas por todo el recinto permitieron a los visitantes a esta feria lúdico-cultural disfrutar del histórico momento del fútbol español. Una de las carpas de actividades se transformó en cuestión de minutos, tras la presentación conjunta José Antonio Cotrina, Susana Vallejo y Claudio Cerdán, en una gran concentración de aficionados dispuestos a apoyar al equipo nacional hasta las últimas consecuencias. Si bien otros días el negro se impone bajo esa carpa, siendo ése el color de la camiseta oficial de la Semana, ayer fue rojo la tonalidad dominante.

Pero antes de ese fin de fiesta apoteósico, el programa de la Semana Negra planteó una decena de citas imprescindibles que pocos quisiero perderse, desde la mesa redonda ‘Los mitos descafeinados’ -a cargo de algunos nombres grandes del fantástico español, como Elia Barceló, Rafael Marín o Rodolfo Martínez-, a las presentaciones de Larry Niven e Ian Watson, o la presentación cruzada de los últimos libros de Carlos Salem y José Luis Muñoz, a cargo de Guillermo Orsi y Cristina Macía.

Hubo más, mucho más, y si resulta extenuante leerlo, imaginad estar aquí. Pero todos encantados. Alguno de los veteranos nos aconsejó a los novatos que lo tomáramos con calma, que estudiáramos el programa de cada día para seleccionar a qué actos acudir y cuál dejar pasar. Pero ésa sí que es una tarea difícil, porque si la programación es extensa, aún más es interesante. Tan sólo es lunes y ya hay vivencias, anécdotas e información para llenar varias páginas.

Ahora a comer todos juntos y a empezar de nuevo…

“Estamos trabajando en ello…”

July 11th, 2010

Pues eso mismo, como dijo aquél. Muy mal por mi parte, lo sé, pero me temo que la crónica del día de ayer tendrá que esperar a mañana, cuando publicaré -espero- la de sábado y domingo. La mañana de hoy no ha dejado demasiado hueco para escribir, y también yo, para qué negarlo, me enrollo más que las persianas. Tengo el texto a falta de algunos remates, pero apenas me quedan unos minutos para alcanzar el trenecito que nos lleva hasta el recinto de la Semana Negra. Agenda apretada la de hoy entre charlas, presentaciones y la final del mundial. Veremos la que se monta…

SNG, día 1 (viernes). Inauguraciones a granel

July 10th, 2010

Sábado por la mañana. Anoche, al final, no llegué con ganas ni disposición de teclear demasiado. Fue un día intenso, agotador por momentos, pero muy interesante. Esto promete. Los veteranos no mienten, el ambiente que se crea es fantástico, con una gran camaradería y mucho sentido del humor.

Fueron diez horas de viaje, algo más tal vez, al compás del chacachá, que dirían los chavales de El Consorcio. Una paliza. Durante el trayecto hubo ocasión para todo, incluida crónica rosa. Eran tres vagones más la máquina, que tenía pinta de ser uno de los primeros modelos que se presentó para sustituir a los tradicionales de vapor. El coche central, la cafetería, hizo las veces de sala de fumadores y de prensa, donde se desarrollaron diversos actos para la veintena de periodista que iba a bordo. También sirvió para separar de manera espontánea los dos grandes grupos estilísticos de autores, negros y fantásticos, pues como es bien sabido, Borges los cría y ellos se juntan.

Tan largo viaje es una forma bastante efectiva de obligar a confraternizar a los invitados. Tras tantas horas allí metido acabas, por narices, saludando, debatiendo y bromeando con más de la mitad del pasaje. Oye, que no está mal pensado. Así llegamos a Gijón con otro espíritu, dispuestos ya para la lucha, sin recelos ni inseguridades. Además, en esta edición somos muchos los novatos, con lo que los veteranos no han tenido más remedio que esmerarse para ponernos al día, guiarnos y aconsejarnos.

Al viaje no le faltó su alto para almorzar. Lo hicimos en Mieres, donde saben cómo hacer que cuatro escritores (quien dice cuatro dice cien) se sientan importantes, recibiéndonos las fuerzas vivas al compás que marcaba un esmerado gaitero. Nos fueron abriendo camino, parando el tráfico aquí y allá, hasta llegar a la nave donde estaba preparada la manduca, a base de canapés tan variados como sabrosos. La nota negra, oscurísima, fue la rápida desaparición de todas las cervezas. O había pocas o alguno bebió por varios… Menos mal que la sidra tiene su aquel.

Y por el camino de Mieres, que cantaba Víctor Manuel, llegamos a Gijón a media tarde, donde fuimos recibidos por las autoridades de ciudad y Principado entre pitos (los de una concentración obrera en contra del cierre de la fábrica de Chupa Chups) y flautas (las de la Banda Municipal). ¡Y qué bueno llegar al hotel! ¡Qué ducha! Placer máximo que se vio completado poco después cuando, en un nuevo acto oficial -¡pero cuántas inauguraciones tiene esta semana de diez días!-, empezaron a pasar de mano en mano tercios helados de Mahon fivestar que ni el Maná recibido por el pueblo de Israel. Por su parte, el perpetrador de todo este baile, Paco Ignacio Taibo II, paseando entre unos grupos y otros, no dejaba de repetir aquello de “Dosifíquense, cuidado, esto no es una carrera de cien metros, sino el maratón”… Voz de la experiencia.

Así llegamos por fin, entrada la noche, al recinto de la Semana Negra, que ríete tú de las ferias y verbenas de la mitad de este país. Realmente el evento literario no es más que el corazón y motor de una gran fiesta –noria incluida- de la que disfrutan todos los asturianos y miles de visitantes. Tenderetes de todo tipo y productos se reparten alrededor de las carpas en las que se desarrollan los actos. Nada más acceder a la zona ya empezó a recorrerme el cuello ese bien llamado repeluco del barbero, al ver tantos y tan variopintos puestos de libros a uno, tres, cinco euros… Libros nuevos, colecciones y, sobre todo, esos maravillosos libros de saldo y viejo, entre los que siempre se encuentran pequeñas joyas y maravillosas frikadas. Al final acabaré viéndome obligado a comprar una bolsa extra para todos los libros que volverán conmigo. Como si no me conociera. Son tantos años conviviendo juntos…

Tengo eso casi tan claro como anoche sabía que se iba a liar en la carpa principal, presidida por una larga y concurrida barra de bar, cuando un cantautor que nos había acompañado durante el viaje empezó a atacar por Sabina en su versión más rumbera, intercalando piezas de Kiko Veneno, Raimundo Amador y ese Peret con su ‘Muerto vivo’. Total, que al final al que suscribe le pudo la fuerza de la sangre –que escribiría Lafuente Estefanía- y acabé sumándome a algunas acompañantes para hacer nuestra la zona de baile con una descompensada pero más que gratificante rumba al son de ’19 días y 500 noches’. Hay vídeo que habrá que localizar y neutralizar.

De regreso al hotel, cena en la terraza, copa y a dormir. Durante este episodio final de la jornada tuve ocasión de conocer al que será el presentador de mi libro, Miguel Cane, el sobrino de Michael Caine –según bromeó el propio actor británico tras un encuentro que tuvieron-, un hombre maravillosamente peculiar, notable escritor y sobre todo gran cinéfilo, que me regaló el placer de una fascinante charlar sobre las obras cumbres de Mike Nichols: ‘El graduado’ y ‘¿Quién teme a Virginia Woolf?’

Eso dio de sí el primer día de Semana Negra. Y eso que no he entrado con detalle en lo mejor de todo, que fue el conocer a tanta gente, a unos de manera más casual, a otros más estrecha. Para alguien al que le cuesta semanas retener el nombre de una persona, lo de estos días será horrible. Menos mal que vamos con el cartelito de marras colgando, precisamente para solventar este problema. Si es que están en todo.

Publico y me voy a buscar un café. Me acosté alrededor de las tres y a eso de las ocho ya tenía los ojos como platos. Debí traerme las instrucciones del reloj biológico, que a veces me da estos fallos.