El bajón del domingo por la mañana
Estaba necesitado del fin de semana para descansar un poco. Pero a veces lo que más desgasta es no hacer nada cuando uno es consciente de la docena de ocupaciones, lúdicas o laborales, en las que podría invertir el tiempo. Incluso ocuparse de no ocuparse de nada.
Sencillamente te quedas en blanco. Lo quieres hacer todo, pero la máquina no arranca. Así que en realidad, lo que de verdad quieres es tener ganas de hacer todo eso. Pero ya digo, te bloqueas y no reaccionas. Sólo puedes ver moverse las manecillas del reloj mientras se consume otra hora más.
Y suspiras con resignación al pensar que mañana será lunes otra vez.
Tal vez a eso se refería Kris Kristfferson cuando escribió esta canción.
Sunday Morning comin’ down
Bien, me desperté el domingo por la mañana
sin manera de que dejara de dolerme la cabeza.
Y la cerveza que tomé para desayunar no estuvo mal,
así que tomé una más de postre.
Entonces hurgué en mi armario por algo de ropa,
y cogí la más limpia de mis camisas sucias.
Me afeité y me peiné,
y bajé a trompicones la escalera para encarar el día.
Bueno, había ahumado mi cerebro la noche anterior
con los cigarrillos y las canciones en las que estaba trabajando.
Pero encendí el primero y miré a un niño
maldiciendo la lata que estaba pateando.
Crucé entonces la calle solitaria
y detecté el olor dominguero de alguien friendo pollo.
Y aquello me devolvió algo
que de alguna manera había perdido en algún lugar del camino.
En la acera de la mañana de domingo,
Deseando, Señor, estar “colocado”,
porque hay algo en los domingos,
que te hace sentir solo.
Y no hay nada, excepto la muerte,
la mitad de solitario que el sonido
de la acera de la ciudad somnolienta
durante el bajón del domingo por la mañana.
En el parque vi a un papá
con una niña pequeña sonriente a la que estaba columpiando.
Y me detuve junto a una escuela dominical
y pude escuchar la canción que estaban entonando.
Entonces volví a casa
y en algún lugar, a lo lejos, tañía una campana solitaria.
Y resonó a través del desfiladero
como los sueños de ayer que van desapareciendo.
En la acera de la mañana de domingo,
Deseando, Señor, estar “colocado”,
porque hay algo en los domingos,
que te hace sentir solo.
Y no hay nada, excepto la muerte,
la mitad de solitario que el sonido
de la acera de la ciudad somnolienta
durante el bajón del domingo por la mañana.




November 26th, 2009 at 17:04
Las mañanas del domingo siempre fueron muy raras…