Saramago, reflexiones a modo de (tardía) despedida
Ayer, como último trabajo pendiente antes de marcharme de vacaciones, tuve la suerte de que me tocara editar una entrevista con José Saramago. En realidad era una selección de varios encuentros mantenidos a lo largo de los últimos cinco años entre el literato y un veterano colaborador de Cambio16, Ramiro Cristóbal. La lucidez y sencillez expositiva del portugués me resultan fascinantes. No es de extrañar que tenga tantos admiradores como detractores. Cuando daba un palo, lo hacía con tanta lógica y ausencia de rencor, de forma tan racional, que es comprensible que los “agraviados” se sintieran doblemente ofendidos. (Como cuando un cani busca gresca porque has mirado su coche y tú, pobre iluso, crees que podrás resolver el entuerto empleando palabras en lugar de puños…).
He decidido rescatar algunas de las reflexiones más interesantes de esa entrevista y reproducirlas en estos bloques conceptuales.
El compromiso del escritor
Como escritor yo no tengo ninguna función. La tengo como ciudadano. Otra cuestión es si cuando escribo cumplo mi función como ciudadano, pero en sí misma la literatura no tiene función (…) Dicen que cuando se escribe sólo se tiene un compromiso con la propia obra. Yo en cambio creo que todo lo que hacemos lo hacemos para los demás, aunque escribamos algo muy intimista. Lo de alejarse de la gente me parece como irse a un monasterio y dejarse allí el alma.
La globalización
En tiempos anteriores, la globalización dejaba áreas importantes culturales funcionando en su propia lógica. Dejaba a la gente reflexionar. Lo que está ocurriendo ahora es que la globalización económica y política se ha convertido en un auténtico rodillo aplastante. Por otro lado, los estados, cada vez más privatizados, van dejando sus obligaciones de lado y entre ellas la de defender a los ciudadanos de una excesiva globalización.
La condición humana
Cuando el hombre bajó de los árboles ya tenía las mismas enfermedades mentales que tiene hoy. Su problema fundamental es el otro, el conocimiento del otro. El respeto por el otro. Un valor que viene del esfuerzo de ponerse en la mente y los deseos de los demás para comprenderlos y llegar a ellos. Tengo pocas esperanzas en la condición humana. El hombre lleva dentro una especie de rabia hacia los otros.
Comunismo
No veo ningún motivo para dejar de ser comunista. Sigo pensando que los valores cambian, pero hay unos cuantos, esenciales, que hay que respetar. El más importante es el de la solidaridad. El respeto por el otro. Un valor que viene del esfuerzo de ponerse en la mente y los deseos de los demás para comprenderlos y llegar a ellos. Nuestros semejantes son el universo que tenemos más cercano y al que hay que llegar. Con la razón hemos llegado a la Luna y quizás lleguemos a Marte, pero de nada valdrá si antes no hemos llegado a ese universo de nuestros vecinos. Me gustaría recordar una frase de Karl Marx: “Si el hombre está formado por las circunstancias, entonces es necesario formar las circunstancias humanamente”. Esto es un programa mínimo y máximo a la vez. Es una verdad de todos los tiempos: basta con modificar, mejorar, las circunstancias, para que los hombres también mejoren.
El poder corruptor del dinero
En mi pueblo, en Portugal, los latifundistas buscaban a sus capataces entre los explotados. Cuando ese hombre trabajador era ascendido a capataz y le daban más dinero, se convertía en otro. Era como una crisálida que tuviera la potencia oculta de convertirse en un insecto o en un monstruo.
Las religiones
Creo que es fácil ver que las religiones solo han servido en la historia para separar a la gente. Lo curioso es que todas dicen que hay un Dios único y solo difieren en la forma de relacionarse con él. Entonces no acabo de comprender el porqué de esa saña contra los que tienen otra forma de adorar a Dios. No comprenden que si matan en nombre de Dios hacen de Dios un asesino.
La (perversión de la) democracia
En el año de 1992 se convocó un premio en Europa. Cada país debía presentar tres obras y el Pen Club eligio ‘El Evangelio según Jesucristo’. Hubo, sin embargo, un ministro de Cultura del gobierno Cavaco, en Portugal, que decidió ejercer la censura por su cuenta impidiendo que mi obra se presentara a un premio internacional europeo. Opinaba que ofendía la conciencia de los lectores portugueses. Me entristeció mucho porque ya estábamos viviendo en democracia cuando ocurrió. Entre paréntesis hay que decir que la democracia es tan buena que se pueden hacer cosas contra la democracia democráticamente.
La realidad
La literatura puede ser realista o mágica. Puede contar cosas épicas o intimidades. Me da igual. Lo único que le pediría a un escritor es que no se ponga fuera de la realidad. Lo que quiero decir es que la realidad es un universo muy grande. La visión del escritor es como estar dentro de una torre circular con muchas ventanas. Se puede ver la realidad por cualquiera de ellas y se contarán muchas cosas distintas. Real, “surreal”, humorístico o serio, lo importante es captar un pedazo de esa realidad.
Cuentos
Mis cuentos tienen un común denominador es la recurrencia al absurdo, a la ciencia ficción y a la desesperación. Me gusta por ejemplo dar vida, humanizar las cosas. Hay veces que las cosas se rebelan, hartas precisamente de ser utilizadas arbitrariamente. En alguna ocasión he planteado la relación hombre-automóvil y la necesidad de la maquina para que el conductor lo abastezca. Tengo otro que titulé ‘El último centauro’, que a mí me gusta mucho porque creo que el hombre es un animal que no quiere serlo y por eso siempre es mitad una cosa y mitad otra.
El futuro
No sé cómo será la literatura que viene. No sé, siquiera, si existirá el libro, ni que clase de lectores habrá. Es imposible imaginarse algo habiendo un cambio tan total, tan radical como el que existe actualmente.







July 4th, 2010 at 10:31
Qué genial.
July 4th, 2010 at 10:55
Sabias palabras.
Un saludo y felices vacaciones, amigo.
July 6th, 2010 at 13:50
Realmente interesante, me ha gustado mucho.