Palabras que nos hacen estremecer
El último jueves de abril de 1977, cansadas de hacer largas colas para averiguar el destino de sus hijos desaparecidos y escuchar comentarios burlones, cientos de madres argentinas decidieron reunirse en la Plaza de Mayo y hacer patente su dolor y consternación a las puertas mismas del poder. Nacía de este modo un símbolo de lucha y resistencia, el de esas mujeres que se rebelaban por saber la verdad sobre sus hijos también rebeldes; como seña de identidad, un pañuelo blanco en la cabeza.
Treinta años después, como tributo al coraje y la valentía con la que han seguido plantando cara a las muchas -y son muchas- vergüenzas cometidas por el ser humano contra sus iguales, Emilio Cartoy Díaz dirigió un emocionante documental en el que decenas de artistas ponían su voz y su palabra al servicio de esa causa.
Poesía y música como homenaje a tantos años de compromiso de las Madres de Plaza de Mayo contra los autoritarismos, en defensa de los derechos del hombre. Actores, escritores y músicos que acompañan, con breves pinceladas de maestría, las imágenes de la incansable lucha que no acaba, desde aquellas primeras vueltas a la plaza hasta las últimas acciones, llegando a descubrir a los responsables del genocidio argentino en sus propios hogares.
Junto a numerosos artistas argentinos, la lista de participantes internacionales en ese documental es bastante amplia, e incluye a Nuria Espert, José Saramago, Jorge Drexler, Bono (U2), Martin Sheen, Antonio Skármeta, Jesús Quintero, Antonio Gala, Eusebio Poncela, Vittorio Gasman o Sting, entre otros muchos.
En este canal de Youtube se pueden disfrutar la mayoría de esas colaboraciones, publicadas por la propia productora, aunque yo voy a quedarme especialmente con tres. Tres poemas recitados por tres grandes actores y que, tras descubrir ayer sus vídeos, son el motivo de que haya querido preparar hoy esta entrada.
¡Qué poco valor le damos al poder de la palabra! Y no hablo del poder para engañar, para robar, hacer sufrir, para enfrentar. Hablo de la capacidad de un hombre para emocionarnos con tan sólo su voz y su sentimiento. A veces el sentimiento, el texto, es de otro hombre, pero no importa, porque cuando la sensibilidad es común, el mensaje es compartido. Lo que uno ya ha dicho, si bien dicho está, ¿para qué intentar redefinirlo? Se repite tal cual y listo. ¡Qué grandes las palabras y los que tienen la inmensa virtud de recitarlas de manera tan visceral que nos hacen estremecer!
¿Un ejemplo? Aquí dejo tres.






