Arrancamos con un nuevo proyecto: ‘Rock & Books’

May 6th, 2012

La semana de Feria resultó… digamos que ajetreada, pero la que le ha seguido tampoco es que haya sido moco de pavo. Y todo indica que la que arranca mañana no se quedará atrás. Lo más destacado de estos siete días que tachamos del calendario es que ya ha tomado cuerpo oficialmente el proyecto Rock & Books Travelling Show (o “Espectáculo itinerante de rock y libros”, en la lengua de Cervantes), una iniciativa músico-literaria puesta en marcha por tres escritores y aficionados musicales (Pedro de Paz, Paco Gómez Escribano y este servidor de ustedes) con la intención de aunar esas dos pasiones. Los “espectáculos itinerantes” Rock & Books ofrecerán un repertorio compuesto tanto por canciones propias como versiones, interpretadas por esos escritores y otros que puedan sumarse al proyecto en futuras citas, canciones que estarán siempre ligadas de algún modo a la literatura. En unos casos será por el propio carácter narrativo del tema, otras veces habrán inspirado relatos o partes de novelas de los autores participantes, y habrá ocasiones en las que, simplemente, la presentación de la composición de pie a una narración emocionante.

La puesta de largo del proyecto Rock & Books tendrá lugar el viernes 18 de mayo, a las 21:30, en el Atelier Café de la Llana, en el número 26 de la calle Embajadores de Madrid, en el marco del II Encuentro Nacional Anika entre Libros. Y desde aquí quisiera agradecer la colaboración de algunos buenos amigos que nos han apoyado en cuestiones varias, desde el diseño del logotipo hasta darnos su opinión sobre los ensayos u ofrecernos una crónica gráfica de los mismos.

Diseño de Ángel Perea, compañero de Esquire.

Y la semana que empieza seguirá siendo bastante musical porque, además de otro probable ensayo el miércoles, tenemos por delante tres conciertos nada desdeñables para estos días. El lunes, nada menos que James Taylor, representante por antonomasia de la generación de cantautores estadounidense de los setenta, y al que aún no había tenido ocasión de ver en directo. El martes, tras pasar por el Centro Abogados de Atocha para una charla con Marcelo Luján sobre novela negra y compromiso social, Miguel Poveda en el Teatro Real. Y el domingo, por fin, el arranque de la gira europea de Bruce Springsteen en Sevilla. La cita promete ser memorable. Por cierto, si aún no le has echado un vistazo al disco nuevo, no dejes de revisar –si lo necesitas- la traducción de las letras. Son unos textos verdaderamente rabiosos. Escuchar a Springsteen -a cualquiera- sin saber lo que cuenta, es como ir al cine con los ojos vendados.

Y entre tanta música, aquí andamos, intentando dar cuerpo a la trama de la nueva novela, que se está resistiendo más que Paquirrín a coger un martillo. Pero bueno, poco a poco, parece que se va dejando querer.

¡Feliz semana!

La primera jornada de ensayos.

Junto a De Paz y Gómez Escribano, bluseando alrededor de Neil Young.

Blog suspendido por autor feriante

April 25th, 2012

Siete camisas, dos pantalones, una americana, dos trajes, cuatro corbatas, un pañuelo de bolsillo, dos juegos de gemelos, un par de zapatos, uno de botos, Lizipaina, paracetamol… Creo que con esto y algunos euros en el bolsillo tengo todo lo necesario para pasar los cuatro días y cuatro noches que tengo por delante en la Feria de mi tierra.

O dicho de otro modo, este blog queda suspendido hasta nueva orden. Hasta pronto.

Peligro: no girar a la izquierda (que te caes)

April 24th, 2012

Precaución, amigo conductor. Porque en cualquier momento quiere usted dar el volantazo y tomar una vía a la izquierda y puede encontrarse en el más completo vacío. Y como el vacío tiene lo que tiene, que está vacío, el castañazo puede ser sonoro. Porque aquí, en esta España de camisa blanca de la ovejita Norit -que debieron darnos el ejemplar clonado, porque ni blanco ni leches- pues eso, que la izquierda anda manga por hombro. Como siempre. Como es tradición.

Este martes se ha anunciado que el único diario progresista –de qué se ríe usted, que sí que es progresista. En fin, dejémoslo en que es menos conservador que El Mundo, ¿vale así?-; pues que El País, decía, llevaba meses, bastantes, echando a gente a la calle por tandas, con acuerdos, convenios y puñetas de colores, advirtiendo que, de lo contrario, se vería en la necesidad de ondear la bandera del ERE. Y ahora, de pronto, cuando ya se ha cepillado a muchos de sus trabajadores y había logrado que el resto aceptara condiciones leoninas, resulta que va y anuncia el tan temido ERE. Y aquí paz y después gloria.

Conocí a un periodista de la vieja escuela –pero los del diario Pueblo, así que echa cuentas- que solía decir: “Con lo que yo he sido, y ya rojo sólo me quedan los cojones, el paquete de Malboro, la etiqueta del Johnny Walker”. (Pido perdón a quienes se sientan ofendidos por la cita porque entiendan que inspira al tabaquismo o la bebida). Pues eso mismo debe de pensar –o debería- más de uno de los históricos del “diario independiente de la mañana”. Porque aquí ya nadie se va a sorprender por nada, pero los hechos no se cansan de constatar que donde manda el capital no hay Cristo que suelte un sermón. Sólo una reflexión: ¿cuántas emisoras de radio, y de televisión y cuántos diarios de centro derecha o de derecha derechísima se mantienen en este país, y cuantos de centro pelín escoradete a la izquierda, así, poquito, sin ánimo de molestar?

¡A que acojona! ¿No? Entonces eres carne de Intereconomía.


Aquí, la izquierda, vista con algo de humor (porque si no…).

Las consecuencias de esta radicación mediática ya las veremos (de momento el PP ya ha metido mano también a la directiva de TVE). Las razones, están bien claras. Hoy mismo se ha conocido otra noticia que bien lo explica: Democracia Real Ya, la organización que impulsó el 15-M, se ha dividido en dos. Unos planteaban una línea de acción con la que discrepaban los otros. Es decir, lo de siempre. Desde los días de la Guerra Civil, mucho antes, podemos observar cómo la izquierda española es siempre la que mejor argumenta sus ideas, la que ofrece más voces, más alternativas, más vías de diálogo… y al final, de tanto ofrecer, acaba todo como el coño de la Bernarda, sin saber por dónde tirar. Y ahí está siempre esa derecha recia, unida, buena cazadora, que aguarda expectante a que los de izquierda nos peleemos entre nosotros por el sillón para pasar a ocuparlo ellos.

Una pena, pero es lo que hay. Y para pruebas, la historia, que nunca miente, por más que se intente tergiversarla. De modo que así andamos: el movimiento social más importante que ha habido en muchos años en este país, aplaudido, admirado e imitado en otros países, ya se está viniendo abajo. Y sin que la derecha haya dicho esta boca es mía. Pero si es que se lo ponemos a huevo, puñetas.

Es normal que luego… eso, lo que dice (dibuja) el maestro Borges:

Nostalgia de domingo de pre-Feria

April 22nd, 2012

Domingo. Hoy debía estar yo montando mi caseta, me cachi en la pena negra –que diría mi abuelo Ángel-, y comiendo chicharrones en manteca colorá, y esa tortilla de papas que te hace ver la Gloria, y esos montaítos de lomo, y ese potaje que está pa’reventá… Y no estar aún aquí, carajo, en tierras de Aguirre, doña Esperanza. Pero será por poco tiempo. Porque el miércoles estoy enfilando vías camino de Santa Justa, y cual ficha de un juego damas, pasaré de allí a Nervión, y previa ducha y embutido de traje, tomaré camino del Real de la Feria. Que tengo unas ganas que no se las salta un galgo.

Y este año he debido de ser bueno, porque los reyes –los del elefante no, los del camello; los de ese camello no, bestia, ¡los del dromedario!- bueno, pues ésos, han atendido mis deseos y me regalan una semana con un Lorenzo de los de vente pa’la sombra, bombón, que te derrites. Así que se va a enterar Sevilla de lo que son ganas de baile, cante, copas, raciones y amigos. Y al primero que intente fastidiármela -en honor de los veinte años de la Expo-, que se vaya preparando para acoger una hostia como la Cartuja de grande. Avisados quedan ustedes.

Maestro Pareja Obregón, póngale música a la cosa. Doña Coral, si hace usted los honores…

Relato: ‘¿Y si te rompo la cara?’ (Para Julia, que lo salvó)

April 21st, 2012

El pasado miércoles, en las sesiones de minificción del bar Los Diablos Azules, la autora invitada fue Laura Muñoz, gran escritora, notable fotógrafa e impagable amiga. Tras deleitarnos -estremecernos más bien- con tres desgarradores relatos, enunció una frase -”¿Y si te rompo la cara?”- que debía estar incluida en el relato de los presentes que quisiesen participar en la actividad que seguía a su lectura.

No soy amigo de los concursos y similares, así que lo dejé pasar, y apuré el tiempo hablando con otro buen amigo, Benito Garrido. Pero justo cuando anunciaron que iban a comenzar a leer los relatos de los participantes, una imagen me asaltó. No sé por qué de pronto me acordé de Burton y Taylor en ¿Quién teme a Virginia Woolf?, y no pude resistirme a esbozar unas líneas.

Leí en público el resultado y a continuación olvidé lo escrito. Es más, reduje a una bola la hoja de papel y me deshice de ella. Si ahora reproduzco este texto se lo debo a Julia Martínez, que se empeñó en salvar la historia.

Espero que ésta sea digna del cariñoso interés que ella demostró.

¿Y si te rompo la cara?

Los dos se miraban. Se odiaban tanto que sólo podía ser por todo lo que se amaban.

O por lo que se habían amado.

-¿Y si te mueres? –dijo ella.

-¿Y si me olvidas? –respondió él.

Y entonces no se pegaron, ni se agarraron, ni se zarandearon. Así que siguieron sin tocarse. Un día más. Y ya casi no podían soportarlo.

-¿Y si te largas? –gritó ella.

-¿Y si dejas de hablarme? –sugirió él.

Los dos volvieron a beber. Apuraron sus copas. Él tomó el vaso de ella y al rozar su mano ella lo miró. Sus cuerpos se estremecieron.

Mientras él preparaba los tragos, ella lo observaba como si fuese el último amanecer.

-¿Y si te rompo la cara? –le susurró, clavándole la mirada, cuando él le entregó la ginebra con hielo.

-¿Y si dejas que te bese y seguimos fingiendo luego?

Palabra de western (VIII): Razones trascendentales

April 20th, 2012

Raza (Jack Palance): “Nos quedamos porque creemos. Nos marchamos porque estamos desilusionados. Volvemos porque estamos perdidos. Morimos porque estamos condenados”.

Los profesionales (1967), escrita y dirigida por Richard Brooks.

Besos de celuloide con sabor a cineclub

April 18th, 2012

Doce y media de la noche. De regreso en casa tras pasar dos horas recargando el alma. Ir al cine, si la película lo merece, siempre es toda una experiencia, pero ir a un cineclub, a una filmoteca o a cualquier otro lugar en el que uno pueda disfrutar de un viejo clásico sin maquillar… eso son ya palabras mayores. Hoy he ido a ver La gata sobre el tejado de zinc, esa obra maestra de 1958 dirigida por Richard Brooks. Habré visto esa película más de veinte veces, y he releído la obra teatral de Tennessee Williams. Impresionantes Newman y la Taylor, ¡y qué decir de ese homérico Burl Ives que da vida al patriarca familiar! Cada vez que vuelvo a ver esta cinta me fascina de nuevo, pero lo de hoy ha sido especial.

Es lo que tiene estar enamorado del cine, de las películas, como si se tratase de la mujer más impresionante que pudiera cruzarse en tu camino. Hoy ha sido como si la viera por primera vez. De pronto no recordaba qué iba a ocurrir a continuación, y si acaso me asomaba alguna escena a mi memoria de celuloide, rápidamente apartaba esos pensamientos para recuperar la inocencia del primer visionado. Es lo que tiene ver un clásico en pantalla grande, más aún en una sala como la del cine Doré -la Filmoteca Española-, con el aspecto que debe de tener una sala de cine: la de un teatro reconvertido. Con su cortina que se descorre al apagarse las luces y vuelve a echarse cuando la magia se acaba; como la puerta que se abre y se cierra en Centauros del desierto. En un silencio cómplice y respetuoso; sin palomitas, sin móviles, sin cuchicheos. Y sin necesidad de exteriorizar nada, sientes la emoción de cuantos te rodean, la palpas, la compartes, disfrutando en comunidad de la fiesta del cine.

Y es que la ocasión lo merece. Porque la película que he visto hoy difícilmente volveré a verla. No al menos como la he visto hoy. La de hoy no era una copia restaurada. El sonido no era limpio, chisporroteaba, tenía nieve, y la imagen tenía cortes, manchas, y no faltaban ni las marcas de los cambios de rollos. ¡Pero es que es así como deberíamos ver películas que tienen 50, 60 ó 70 años! Lo contrario es como escuchar música en vinilo con un disco y un reproductor tan perfectos que suenan como un DVD-Audio. ¡Carajo, pues no lo escuches en vinilo! Pero no, la copia de la película que tengo –en dos ediciones diferentes- está tan perfectamente limpia, pulida y remasterizada que me casi resulta indecoroso un lifting artístico de esas características. Como cuando ve uno a esas viejas leyendas de la pantalla que luchan contra el paso del tiempo a base de pasar por el quirófano.

Y cuando tengo esa suerte, la de estar en un viejo cine, lleno de otros enamorados enfermizos del medio, viendo un viejo clásico con el aspecto que debe de tener… Eso recarga mi condensador de fluzo. Me siento de nuevo como aquel adolescente que se recorría todos los cineclubs de la ciudad con su inseparable amigo del instituto (eran pocos pero selectos, ¿verdad, Pablo? Ese Ingenieros, esa UGT… ¡Y qué tipos tan raros los que los llevaban!), años después de haber descubierto la capacidad de viajar, de soñar, de vivir a través de las películas, viendo una tras otra con sus abuelos.

Así que aquí estamos, pasada la medianoche, escuchando a Tony Bennett y tecleando este soliloquio solipsista dando sorbos a una copa de nostalgia on the rocks. Porque al cine se puede ir solo, pero si luego no se comenta, falta algo. Es como cruzarse con esa mujer impresionante y no poder besarla: una experiencia agradable, pero incompleta. Y mucho menos satisfactoria.

‘Madrid, 1987′. Excusas para dialogar con maestría

April 16th, 2012

A los de la gaviota les ha venido de perlas lo de crisis para llevar a cabo algunas de esas venganzas que venían trajinando con la frialdad que exige la ocasión, entre ellas, el hachazo invisible y homicida que estaban deseando asestarle al cine español. Se la tenían jurada desde aquella famosa gala de los Goya con el ‘No a la guerra’ y sus posteriores movilizaciones. Cosas que pasan. ¡Ay del que se salga de la fila…! Y es una pena, porque con las nuevas medidas difícilmente podrán producirse películas como Madrid, 1987, la nueva propuesta escrita y dirigida por David Trueba.

La película es correcta, interesante, emocionante, aunque puede decepcionar en cierta medida (maldita publicidad engañosa). Narra el encuentro entre un viejo y desencantado periodista y escritor, encarnado por José Sacristán, y una joven e inocente estudiante de Periodismo, a la que da vida María Valverde. La pareja queda accidentalmente encerrada en el baño de una casa, desnudos, y apuran las horas de reclusión hablando sobre arte, historia, anhelos, decepciones y abismos generacionales.

El problema es que, más allá del cariño que llegamos a sentir por esos personajes –especialmente él, dado que el papel de la chica no cobra fuerza hasta mediado el metraje-, una vez que la pantalla se oscurece y la luz de la sala se enciende, todo eso de lo que han hablado, todo lo que les ha ocurrido, apenas deja huella. Sale uno del cine con la sensación de no haber malgastado el dinero al disfrutar con un trabajo correcto de actores y directores, pero empleados en una obra que no trasciende, que no agarra. Y ojo, que esto es decir mucho para lo que hay en cartel. El problema sea tal vez que la sinopsis y el trailer engañan. Madrid, 1987 es más una película de sensaciones y personajes que de tramas y reflexiones.

El papel de Sacristán –efectivo y desgarrador como de costumbre, un paso por detrás de su composición maestra en Roma- bien pudiera ser continuación de aquel periodista radiofónico al que encarnase en Solos en la madrugada, de José Luis Garci, pero en aquel caso sí que estaban subrayados, y mucho, los lastres generacionales, a diferencia de los dos ‘frentes’ desdibujados que encontramos en esta película. Soltado este lastre, es cierto que Madrid, 1987 no se hunde precisamente porque la intención de su autor –como guionista en este caso- no estaba tanto en trazar un bosquejo histórico sobre esa doble visión de la vida como en el simple ejercicio artístico de reunir a dos personajes tan diferentes como complementarios y obligarlos a relacionarse. De hecho, una vez metidos en la trama, el marco temporal es lo de menos, y resulta indiferente si es 1987 o 2012. María Valverde, por su parte, mantiene el duelo con solvencia, aunque tarda en enganchar al espectador, tal vez no por carencia suya sino del guión, que la retrata sumisa intelectualmente al papel de su mentor hasta que decide imponerse.

El joven Trueba sale airoso de ese difícil reto que es siempre mantener hora y media con una conversación entre dos personas. No en vano ha sido siempre mejor guionista que su hermano, y en este caso, además, se descubre como un dialoguista magistral. El personaje de Sacristán suelta una sentencia detrás de otra que dotan al metraje de esa trascendencia que se le escapa a la trama. (Hay tantas frases buenas que reconozco que acabé cabreado por haber olvidado en casa la libreta de notas que suelo llevar encima. Dada mi memoria terrible apenas recuerdo algunas de las líneas: “¿Es bueno?”, pregunta la chica mientras estudia los cuadros pintados por un íntimo del periodista. “Es mi amigo”, responde él).

David Trueba firma, en definitiva, un atractivo ejercicio cinematográfico, destacando también una ejemplar realización dentro de ese cuarto de baño, que bien vale el precio de la entrada. La desnudez de los personajes no incomoda -hablo de la física, que no es más que una visualización de la sentimental-, de hecho, ni siquiera busca la excitación habitual en Julio Médem; por el contrario, es tratada incluso de manera pudorosa en ocasiones. (aunque para qué engañar: la lozana belleza de la Valverde, nada despampanante, muy natural, es un aliciente más). Oh, sí, un detalle que me dio rabia: los actores no dejan de repetir que hace mucho calor y de refrescarse con agua, pero no tenemos esa sensación en ningún momento. Tirón de orejas por ello, David; y ya me explicarás un día lo de ese largo plano final de ella. Pero, en fin, aplauso por todo lo demás. Buen cine, valiente para los tiempos que corren, dialogado con brillantez.

Te estás pasando de campechano, Juanca

April 14th, 2012

Monarca, de mí pa ti –que diría uno de Dos Hermanas-, te estás colando tela. Que una cosa es saltarte el protocolo en los desfiles y otra bien diferente es que tengas la Casa Real como el tren de la bruja, que no sabemos por dónde nos van a dar un escobazo. Un yerno pegándose tiritos, un nieto descerrajándose tiros, otro yerno llevándoselo calentito, unas cuentas familiares que dice el presi Rajoy -que quiere ser igual de sanote que tú- que van a quedar al margen de la Ley de Transparencia, esa princesa Corinna Sayn-Wittgenstein que te organiza las cacerías y que nos tiene a doña Sofía que la pobre no sabe ya cómo ponerse los tocados con todo lo que lleva en la cabeza; esos Príncipes de Asturias que, como el Guadiana, aparecen y desaparecen sin dar cuentas a quienes les pagamos las suyas… Juanca, que digo yo que esto es ya ser demasiao campechano, ¿no te parece?

Y eso de irse a liquidar elefantes, con lo que se paga en esas cacerías, teniendo aquí a los súbditos pasando más hambre que un caracol en la vela de un barco… ¿Tú te has parado a pensarlo, chiquillo? Aunque haya sido invitado, de verdad, que todos sabemos que no hay fiesta sin alguien que le ponga alma y que donde se planta un Borbón no hay Georgie Dann que lo iguale, pero hombre, esto no es de lo que hablabas en tu discurso navideño, tan fomalito y tan afectado como se te veía. Y encima, posas pa la foto. ¡Y además, vas y te caes! ¡¡Pero muchacho!! Si no estamos para bailes no te metas en la pista… ¿Tú te das cuenta, Juanca, que a más de un español se le despide por ser temerario y quedar invalidado para su trabajo? Además, no es serio que en apenas un par de semanas tú hayas estado de caza mayor y tu nieto se haya pegado un tiro en un pie, representando tu familia a un país donde el tema de las armas no está muy bien visto que digamos. No es de extrañar que te hayas convertido en el cotilleo de la prensa internacional. Que hay que ser consecuente, rey mío de mis entretelas.

Pero bueno, tú tranquilo. Total, con estos súbditos que tienes no hay nada que temer. Los que te critican, lo harán siempre, pero así, bajito, entre café y cerveza, y los juancarlistas te darán caña cada vez que te desmanes un poco, pero luego, un buen reportaje del 23F y un debate con Carrillo que te saque a colación obran maravillas. Pero ten cuidao, shurrilla, que últimamente tienes la casa manga por hombro y los de abajo ya  estamos acojonaos esperando la próxima borbonada.

Las miradas de Ford… y todo lo demás

April 13th, 2012

Esto de la cinefilia acabará conmigo. Ha sido un jueves realmente largo, andamos de cierre en la revista y había que dejar revisadas el mayor número de páginas para que el viernes no se complicara. Pero aquí estoy, de nuevo ante la pantalla. Y es que esto de la pasión por el cine, si no se comparte, no se disfruta igual (como el sexo, pero más proclive a hacerlo entre copas). Así que llego a casa cerca de las once de la noche, con unas ganas terribles de darme una ducha, cenar y tirarme un rato en el sillón a mirar cualquier cosa que pongan en la tele y me ayuda a relajarme. Pero enciendo el cacharro y la pantalla se llena con esos mágicos colores irlandeses de El hombre tranquilo (ese verde esmeralda como jamás se ha vuelto a ver en el cine).

Pero estoy cansado. Cambio de canal. Algo más ligerito. Total, voy a aguantar poco… Pero ya con la cena por delante, vuelvo de nuevo a La Primera -¿Dónde si no? Los compañeros de esa cadena están apurando los últimos cartuchos antes de que los de la gaviota entren a destajo-, y al poner de nuevo la película, decía, quedo irremisiblemente seducido por ella. Y más específicamente, por los rostros. Es la secuencia de la tormenta en las ruinas del castillo. Sin palabras; sólo música, truenos y dos actores empapados en una de las escenas más eróticas jamás filmadas.

Y sus rostros.

John Ford es el cine, su quintaesencia, su referente imprescindible, porque nadie como él ha sabido plasmar en la pantalla la humanidad de los personajes, siempre a través de los rostros y las miradas de los actores. Ya sea felicidad, drama, odio o miedo; ya sean hombres, mujeres niños o ancianos; ya sean westerns, comedias, melodramas o cintas bélicas. Las miradas de Ford son la sal del cine como la sonrisa que le robamos a esa chica que nos gusta es la sal de nuestra vida.

Da igual qué historia nos esté contando, dónde se desarrolle o a quién afecte. Porque en cuanto vemos esos rostros, esas miradas, olvidamos que estamos ante una película y pasamos a emocionarnos por lo que le ocurre a esos personajes, que inmediatamente se convierten en viejos amigos para toda la vida.

Ay, las miradas… Hace falta tener mucho talento para rodar esos primeros planos, esos planos medios, y tener el valor de aguantarlos durante tanto tiempo como hacía el tunante irlandés del parche, consciente de que el ritmo de la cinta no se resentiría porque, cuando un personaje se convierte en persona, la técnica desaparece y sólo quedan los sentimientos. Y él supo sacar lo mejor de John Wayne y Maureen O’Hara, de Henry Fonda y Lee Marvin, de Jane Darwell y Vera Miles, de Edmond O’Brian y Woody Strode, de Clair Trevor y Thomas Mitchell, de Andy Devine y Ward Bond, de Victor Mclaglen y Harry Carey…

Por encima de todas, para mí, la mirada perfecta rodada por John Ford será siempre la de ese reverento interpretado por Ward Bond que asiste al casto intercambio de capote y beso por parte de dos buenos amigos, hombre y mujer, cuñados ahora, pero sin duda, con un pasado común que esconde un romance imposible que aún arde en alguna parte de su interior; algo de lo que el reverendo sabe, y por eso se ausenta desviando la mirada. Tanta ternura, tanta comprensión, tanto silencio, tantos secretos… Y esa mirada casi imperceptible que ella le echa cuando ’su’ hombre se va. Porque él, el reverendo, lo sabe todo, conoce su historia, tal vez sea el único… y el bastardo irlandés de Ford no nos cuenta absolutamente nada al respecto. Es sólo un minuto en medio de Centauros del desierto. Una historia dentro de otra. Tanta genialidad. Vámonos a casa, Debbie…

Y debo liquidar ya esta entrada, porque Mary Kate Danaher acaba de discutir con su marido, Sean Thornton, a cuenta de la dote que le niega su hermano, ‘El Rojo’ Danaher, y pronto aparecerán Michaleen y el padre Lonergan para terminar de liar el asunto… Una vez más.